En condiciones normales esto sería suficiente para provocar el cambio inmediato de gobierno e iniciar la reconstrucción nacional. Pero el problema no es solamente cuantitativo, sino básicamente cualitativo. Es decir, no basta con tener la mayoría de los votos. Hay que garantizar que puedan concretarse el próximo domingo y que la maquinaria opositora de control electoral sea más eficiente que la del gobierno. Hay un enorme fraude institucional encabezado por los poderes públicos controlados, en especial el Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral. Capriles lo ha denunciado parcialmente y todos lo percibimos.
Los restos calificados del chavismo, ante la inevitable derrota se radicalizan. No nos extrañe que el CNE, con votos o sin ellos, proclame a Nicolás como ganador antes de tiempo y amenace con los mecanismos de violencia represiva, a quienes rechacen reconocer esta barbaridad. Entonces el liderazgo opositor, con Capriles a la cabeza, estará sometido a la más severa prueba que pueda concebirse en estos tiempos. Podríamos ir a una confrontación terrible de la cual, tampoco tengo dudas, la derrota del oficialismo será para siempre.
El apoyo cubano se hace cada día más discreto, las fuerzas armadas, fatigadas por tanta manipulación rastrera, se sacudirán a los mandos que se plieguen al fraude y harán respetar la mayoría. Son tan venezolanos como nosotros y algunos de sus jefes sólo son igualitos a lo peor que nos ha gobernado. Hay armas para todos los gustos. No se atrevan. El cambio va.
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