Pues, el pueblo se da cuenta, que quienes administran gobierno se rehúsan a darle fin a las hostilidades y a solucionar los problemas que despertaron las protestas en todo el territorio nacional, solo se han dedicado a merodear en la farsa. Acaso, el ciudadano presidente de la República Nicolás Maduro, ¿no es responsable de garantizar la preeminencia de los derechos humanos establecidos en la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela? Entonces, ¿por qué incide sobre los poderes: Judicial, Legislativo y “Moral” para que estos, se desvirtúen de sus verdaderas funciones, hasta llegar a criminalizar las protestas? De tal manera, un pueblo consciente y defensor de la democracia, se opone a los gobernantes que se encumbran, se colocan al margen de la ley y monopolizan a los poderes a su favor.
Cuando un pueblo democrático, como el venezolano, elige a un presidente es para que guíe a la nación de buenas maneras y le dé bienestar. ¿En dónde quedaron las garantías de la seguridad individual y de la comunidad, las de mantener el abastecimiento de artículos de primera necesidad, las de crear políticas económicas nacionales exitosas y de reducir la corrupción a su más mínima expresión? Todo se ha vuelto demagogia y se ha quedado detrás de las vitrinas de la propaganda política oficialista.
¡El país esperaba algo superior al pasado! La revolución no ha cumplido y ha defraudado al pueblo. Bajo ningún esquema, esta supera a los mejores gobiernos de la democracia. Y, lo lamentable: reivindica a los peores gobiernos del pasado. Pareciera que el país le quedó muy grande. En 15 años, las exigencias de la realidad, han puesto en evidencia que la economía, es la debilidad y el fracaso de este tipo de socialismo. Quien destroza al sector producción y despilfarra, a pedir se queda. Además, con un gobierno así, sería una aberración pedirle al pueblo que se cruce de brazos y renuncie a la libertad.
Víctor Vielma Molina| Educador|victormvielmam@gmail.com