El virus hemorrágico de Crimea-Congo ya circula por la mayor parte de España

El virus hemorrágico de Crimea-Congo ya circula por la mayor parte de España

Durante años, la fiebre hemorrágica Crimea-Congo se ha considerado una enfermedad exótica en España. No está claro cuándo este virus parecido al ébola en algunos aspectos entró en el país, pero sí que ya circula en la mayor parte del territorio a cuestas de ciervos, jabalís o corzos y, sobre todo, en garrapatas, las principales transmisoras a los humanos. Lo confirma un reciente estudio del Centro Nacional de Microbiología, que ha detectado el virus en estos parásitos en cinco comunidades autónomas del centro y suroeste peninsular.

Por abc.es

Las sospechas de que el virus estaba mucho más extendido de lo que inicialmente se pensaba comenzaron en 2016, cuando tras muchos quebraderos de cabeza para lograr un diagnóstico, se identificó la

enfermedad en un paciente y en la enfermera que le había tratado. Hacer las pruebas parecía descabellado: el ‘paciente cero’ había dado un paseo por el campo en Ávila, pero el virus solo se había detectado en garrapatas de Cáceres. Pero los resultados fueron claros. Después llegaron otros ocho más y, en realidad, el enfermo de 2016 no era el primero en España. Un estudio retrospectivo ha detectado al menos otro anterior, de 2013.

Muy extendido

«El virus debe de llevar con nosotros tiempo y seguramente haya causado más casos. Incluidos algunos graves», explica María Paz Sánchez-Seco, investigadora principal del citado estudio, publicado en la revista ‘Emerging infectious diseases’. Pero lo que no se busca, no se encuentra. «Antes no sabíamos que estaba aquí, no había sospecha clínica», explica. Solo se buscaban casos importados, por lo que la investigadora argumenta que no puede interpretarse que haya habido una explosión del virus desde 2010, sino que lleva pasando tiempo pero nadie lo había detectado.

Lo que parece indudable es que el virus está ya muy extendido en el país. Tras analizar más de 12.000 garrapatas, el estudio que ha dirigido Sánchez-Seco ha confirmado que el Crimea-Congo está presente al menos en Andalucía, Extremadura, Madrid, Castilla y León y Castilla-La Mancha. También se han estudiado garrapatas de Murcia, sin resultados positivos, aunque no es descartable que existan.

«Tener el virus es un riesgo, pero a pesar de que hay una cantidad muy alta en España, ni las personas están constantemente expuestas, ni el virus es capaz de causar enfermedad en un porcentaje alto. Al80% de personas que se infectan no les hace nada», explica Francisco Ruiz-Fons, epidemiólogo veterinario del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC).

Sin embargo, el investigador también recuerda que el miedo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) radica en que el virus, con una gran capacidad para cambiar, mute y se haga más transmisible entre personas. De hecho, la OMS considera la fiebre hemorrágica Crimea-Congo como una de las enfermedades infecciosas emergentes más importantes. Está clasificada como una enfermedad prioritaria con potencial pandémico, entre cuyos síntomas se encuentra la fiebre, mareos, náuseas, vómitos, taquicardia y hemorragias. La tasa de mortalidad asociada es de aproximadamente un 30%.

Ruiz-Fons también lideró un estudio para identificar las zonas con mayor riesgo para la población, publicado el pasado noviembre, en base al principal hospedador de garrapatas con el virus: el ciervo. Sus resultados identificaron que la mayor probabilidad de exposición para las personas está en el suroeste peninsular, con Extremadura, Córdoba, Sevilla, Huelva y Cádiz en el foco.

Endémica

El conocimiento del virus es fundamental para poder prevenir la enfermedad. Porque, según el investigador, una «conjunción maligna» de factores podrían estar ayudando a ampliar la presencia del virus en todo el país. Aunque los estudios siguen en curso, en los últimos 30 años, apunta, han aumentado la distribución y población de algunos ungulados como los jabalís, las cabras, los corzos o los ciervos, hospedadores de garrapatas. Y los parásitos sobreviven mejor al invierno, con temperaturas cada vez más suaves, lo que favorece su reproducción. Así que a mayor número de garrapatas infectadas, el riesgo para las personas expuestas crece.

Los datos del estudio de Sánchez-Seco, orientativos en este punto, arrojan una tasa de positividad del 2,96% del virus en garrapatas, cerca de los valores de otros lugares endémicos como Turquía (3,6%), Albania (3,2%) y Kosovo (3,6%).

«Ya es una enfermedad endémica, pero con muy baja incidencia, al menos de momento», explica Sánchez-Seco, quien no descarta que suba. Da dos motivos: el primero, que el virus siga expandiéndose por factores medioambientales difíciles de controlar y que pueden contribuir a que su presencia se dispare. El segundo motivo se basa en que al existir más sospecha clínica, los médicos también lo buscan más.

Para ambos expertos, la posibilidad de erradicar el virus en España es, a estas alturas, prácticamente imposible. «Lo único que podemos hacer es controlarlo. Solo queda la prevención», dice Ruiz-Fons. Al campo, mejor no lleva chanclas o tumbarse en el suelo. Lo indicado es ir «con botas, pantalón largo y dejar pocas zonas expuestas», recomienda la experta del Centro Nacional de Microbiología. Y a la vuelta a casa es recomendable revisarse. Si se encuentra alguna garrapata, guardarla. «Por si aparece fiebre».

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